La gran contradicción del sistema de enseñanza comprensiva aplicado en España es que se ha querido extender la educación a toda clase de alumnos pero sin obligar a ninguno de ellos a nada: chicos y chicas que tienen que asistir a clases hasta los 16 años pero que no están obligados a hacer los deberes, estudiar, o a aprobar el curso. Esta idea de enseñanza comprensiva, que no olvidemos que se ha querido justificar desde una postura ideológica de izquierdas y/o progresista, ha llevado aparejada la creencia de que esa inmensa mayoría de estudiantes a los que se dirige no es capaz de alcanzar los objetivos propuestos, de ahí el énfasis en la atención a la diversidad. Esto lleva a una postura reaccionaria que refuerza y reafirma la desigualdad social entre unos y otros alumnos y sus familias: la idea de respetar la idiosincrasia de los alumnos, sus intereses y sus motivaciones, lejos de ser progresista es de lo más reaccionaria y conservadora, pues al no forzar a los estudiantes a superarse, a romper con su “mundo” limitado, se los condena a permanecer en él y a renunciar a una posible promoción social y progreso a través de la educación y la cultura. De hecho, hablar del “esfuerzo personal”, del “mérito”o de la “capacidad de trabajo” en el contexto de la enseñanza a menudo levanta suspicacias. Sin embargo se olvida, o se quiere olvidar, que lo único con lo que cuenta el hijo del trabajador para salir adelante, a falta de apellidos, herencia y muchos medios materiales, es precisamente eso, su esfuerzo, su constancia y su capacidad de trabajo para obtener el mérito que le posibilite la promoción social que de otra manera, sin estudios, sin educación, sin títulos, no va a conseguir. (más…)