La oportunidad de colgar en nuestra página un artículo como El lenguaje y el mundo. Consideraciones en torno al relativismo, responde a una serie de concatenaciones de pensamiento no muy fácil de explicar. En principio, como podemos ver por el subtítulo del artículo, el contenido está relacionado con la corriente de pensamiento del relativismo (todo sistema de pensamiento que afirma que no existen verdades universalmente válidas, ya que toda afirmación depende de condiciones o contextos de la persona o grupo que la afirma, según la Wikipedia). El relativismo, así entendido, está a su vez relacionado con el pensamiento postmoderno y con el constructivismo, entrando así en contacto directo con el mundo de la educación, que como sabemos está actualmente tan condicionado y dominado por ambas corrientes.
Por supuesto lo primero con lo que hay que contar, y esa es otra de la dificultades para tratar el tema, es que ni una ni otra corriente de pensamiento es homogenea o unitaria, por lo que se hace necesario puntualizar a qué nos estamos refiriendo cada vez que se las nombra. En cualquier caso, algo común tanto al constructivismo como al pensamiento postmoderno es la crítica a la idea de verdad o realidad, que se acaba reduciendo a lo subjetivo (bien sea refiriéndose al individuo o a la colectividad por medio de la cultura), o a lo puramente textual (argumentando que no hay nada fuera del texto).
El artículo enlaza con estas ideas directamente al plantear que el pensamiento actual no sólo estaría caracterizado por “la preponderancia del lenguaje sobre el mundo”, sino que la propia realidad de ese mundo depende de los “juegos de lenguaje”.
No resulta demasiado difícil ver el peligro que supone la aplicación de estas ideas a la enseñanza, como de hecho se hace y se etá haciendo cada día: si se pone en entredicho la realidad, entonces ¿por qué estudiar? Si no existe la verdad, los hechos, porque éstos dependen del texto que los “crea”, entonces basta con “producir” otro texto y automáticamente se habrá “creado” otra realidad igualmente verdadera o cierta (léase las tergiversaciones nacionalistas a la orden del día). Es fácil llegar así, como parece empeñada la adminstración educativa con la LOE y su desarrollo, a cuestionar la importancia de los contenidos a favor de ideas como la de los “ámbitos”, las “competencias”, la de “aprender a aprender”, etc. Se entiende entonces la debacle de los estudios universitarios a la que estamos asistiendo mediante la extensión del proceso de infantilización antes llevado a cabo en enseñanza primaria y luego en secundaria. Se comprende que el profesorado carezca de autoridad para algunos si se menosprecia el conocimiento, precisamente la primera fuente de autoridad del maestro. Y suma y sigue. . .
