Crisis Educativa

19 abril, 2008

Carta al Sr. Consejero de Educación de la Junta de Andalucía

Filed under: Entradas — JuanV @ 16:31

Al Señor Consejero de Educación de la Junta de Andalucía, y toda su cohorte de funcionarios de despachos, sindicalistas de pro y técnicos asesores.

Nos dirigimos a usted (ustedes) después de escuchar las declaraciones en las que afirma estar satisfecho con los resultados obtenidos respecto a la Orden de Incentivos, una vez que ésta ha sido debatida y votada en los claustros.

A nosotros nos parece, que si realmente le importa o importara la opinión de los que estamos en primera línea de tiro, es decir, los que cada mañana hacemos realidad, tiza en mano, eso que llaman educación, no podría usted estar satisfecho.

En conjunto, han sido muy bajos los resultados. Pero si tomamos los datos de la Secundaria, los resultados han sido catastróficos, y de ellos se desprende, no hace falta ser un lince, un claro NO a la propuesta que ustedes han hecho. Deshonrosa propuesta, por cierto.

Más le valiera, en nuestra humilde opinión, tomar nota de este NO, y replegar velas, si no quiere tener un ejército de profesores cada vez más desencantados, rebotados, y descontentos. Además de cabreados. Porque ¿cree usted que se puede mejorar la calidad de enseñanza con este panorama? ¿No sería mucho más positivo tener unos profesores satisfechos, ilusionados, motivados…? Ustedes que tanto hablan de la motivación cuando se refieren a los alumnos, también los maestros y profesores somos seres humanos y funcionamos mejor cuando estamos motivados, o por lo menos, cuando no estamos hasta las narices, que es lo que está ocurriendo actualmente en Andalucía.

¿No se les ha ocurrido pensar que a lo mejor se han equivocado? ¿Qué no se puede hacer depender del profesorado únicamente el que un alumno apruebe o no apruebe, y que este aprobado del alumno, en el que se supone que intervendrá en algún modo el propio alumno, tenga repercusión en lo va a ganar el profesor? Es que es muy fuerte.

Y no me diga usted que ese factor (el aprobado) supone un pequeño tanto por ciento de todo lo que se va a valorar para pagar o no pagar los célebres 7000 euros, porque aunque fueran un tanto por ciento pequeñísimo (que no lo es) lo que es injusto es injusto, sea grande o pequeño su peso. Porque parte de una premisa errónea.

Y además los otros puntos de la dichosa Orden también dan mucho que hablar. Porque las estadísticas duelen, ¿verdad? Y da la impresión de que ustedes lo que quieren es que aprobemos a los chicos, estén o no capacitados para ello, que no los expulsemos de los centros, hagan lo que hagan, en fin que quede todo tapadito, bien tapadito. Que salgan mejor las cuentas, los datos estadísticos. ¿Hasta cuando se podrá ocultar la realidad? Las cosas hay que airearlas, señor Consejero, si no, huelen mal.

No estaría mal que salieran de vez en cuando del mundo de la teoría, y se pasaran por los centros educativos andaluces, incluso que se hicieran cargo de algunas clases durante unas horitas, es decir, que se dieran un baño de realidad, porque a lo mejor desde las altas esferas no se ve bien lo que hay abajo.

Y si nos admite la osadía de darle un consejo, Señor Consejero (y demás señores) replantéese las cosas, tal vez fuera mejor hacer borrón y cuenta nueva, dotar a la educación de sentido común, hacer recaer la responsabilidad en el alumno, hacerle repetir si no aprueba, exigirle, y confiar un poco más en el profesorado, valorarlo….No todos somos excelentes, señor consejero, por supuesto que no, pero tampoco lo contrario.

Y gracias a nosotros la educación no se ha ido ya del todo a pique.

De nuestra compañera Dolo

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8 comentarios »

  1. ¡Muy bien Dolo! Hay que seguir insistiendo, ¿no va a existir nigún político, que a la vista de estos razonamientos, dude de lo que están haciendo con la educación?

    Comentario por Mª Luisa — 20 abril, 2008 @ 17:43 | Responder

  2. Muy claro y muy directo. Gracias de nuevo Dolo.

    Comentario por Profesor — 20 abril, 2008 @ 20:33 | Responder

  3. Tesis y antítesis. ¿Serán insalvables las discrepancias?

    Escuela 3782, 03 de abril de 2008
    EL EDITORIAL DE LA SEMANA
    El Plan de Mejora y Calidad andaluz es un acierto

    “El Plan de Mejora y Calidad nace del desarrollo de la Ley de Educación de Andalucía (LEA) mayoritariamente respaldada por toda la comunidad educativa andaluza: sindicatos, padres y madres, estudiantes, y empresarios de la enseñanza privada. La LEA tiene entre otros objetivos la evaluación del sistema educativo en todos sus componentes. Los programas de mejora y calidad se desarrollan no sólo en la empresa privada, sino también en todas las administraciones públicas. Su único objetivo es detectar aquellos aspectos mejorables que deben incidir de forma decisiva en la calidad del sistema educativo. De forma complementaria, diseñar estrategias y actuaciones que contribuyan a la consecución de esos objetivos.

    ¿Porqué el Plan de Mejora ha despertado tantos temores en algún sector de la comunidad educativa? La difusión esquemática y simplista que la mayoría de los medios de comunicación hicieron en su día de la noticia ha calado en cierto sector del profesorado, en especial en la enseñanza Secundaria, de forma negativa. Una situación que no ha sido contrarrestada ni por la Administración educativa andaluza ni por los sindicatos mayoritarios (CCOO, UGT y ANPE) que desde un principio han apoyado la LEA en toda su extensión. La Junta de Andalucía tiene que coger el rábano por las hojas y empezar a hacer buena pedagogía sobre el Plan de Mejora y Calidad que desde Escuela consideramos un acierto.

    Pero quizás lo que más frene la iniciativa sea la cultura pedagógica de gran parte de nuestros profesores ¿Qué les hace diferentes de otros colectivos tanto de la empresa pública como de la privada que sí son evaluados y, además, obligatoriamente? Este es el meollo del asunto. El profesorado español no está acostumbrado a ser evaluado, ni tampoco a rendir cuentas ante la Administración educativa ni ante la sociedad. Y sin una cosa ni la otra no es posible mejorar la calidad del sistema educativo público. En ocasiones da la impresión de que igualitarismo, “el café para todos” y la apelación constante a la vocación, lo único que esconden son las vergüenzas de muchos docentes faltos de la profesionalidad que se requiere para estar en un trabajo tan importante como es el de enseñar y educar.

    Profesionalidad. El maestro y el profesor han de ser ante todo grandes profesionales. Son trabajadores con unos objetivos muy bien marcados, donde los resultados son cruciales. Y ha de tener una formación que favorezca su trabajo académico pero, también, su trabajo de cara al público que son los padres y las madres y los alumnos y alumnas. Un público que tiene derecho a estar satisfecho con su labor y a manifestar su grado de satisfacción. Y una Administración educativa que debe de estar a la altura de las expectativas, y que tiene el derecho de hacer un seguimiento y una valoración de cuantos objetivos se van alcanzando en el trabajo docente y a la vez tiene el deber de asesorar al profesorado y formarlo adecuadamente para los nuevos retos de la sociedad del siglo XXI.

    La profesionalidad no es algo nuevo para muchos docentes. Algunos y algunas trabajadores del sector llevan años cambiando metodologías, agrupamientos, formas de organización, para reducir el fracaso escolar y mejorar todo el proceso de enseñanza-aprendizaje en nuestra escuela e institutos. Cualquier intervención se ha fundamentado siempre en un proceso cíclico de reflexión, formación, innovación y evaluación; y si parte del colectivo no lo ha hecho así, habrá que recordarle que nunca es tarde para empezar.

    Elaborar y desarrollar un buen plan de mejora y calidad requiere de un esfuerzo y de un tiempo que deben ser incentivados: en salario profesional y en dotación de recursos humanos y materiales para los centros. Lo demás es un mal sueño del que tiene que despertar el sistema público educativo.

    Harán falta más inversiones y más ideas para terminar articulando un sistema educativo de calidad y las seguiremos demandando desde el periódico Escuela. Se tendrán que corregir y ajustar algunos elementos del Plan de Mejora, y habrá que estar muy pendiente para que no se traicionen los principios que lo fundamentan; pero meternos en la demagogia fácil, en el corporativismo barato; instalarnos en la queja permanente no beneficia en nada ni a la función docente ni a los alumnos y alumnas que, al fin y al cabo, son por quienes nos levantamos cada día.

    Y otra cosa, los que han dicho “no”, lo han gritado a los cuatro vientos, están en su derecho; mientras los que han dicho “sí”, que también son muchos y muchas, sencillamente se han puesto manos a la obra desde el primer día. Estos docentes son los que hacen progresar la escuela pública.”

    Imagen de Portada

    Sumario

    Comentario por Francisco — 21 abril, 2008 @ 16:15 | Responder

  4. Perdone usted,señor Francisco, pero los que hemos dicho no, también estamos manos a la obra, y quizá en muchos casos más que muchos de los que han dicho sí. O igual, al menos. No seamos super tópicos, por Dios, que la mejora de la calidad de enseñanza es otra cosa . No me creo que aumentar el número de programas, y cambiar (¿por cambiar?) la metodología, etc. mejore la calidad de enseñanza. Mire usted, esas cosas serán vendibles, politicamente correctas, “modernas”, pero no son aval ninguno de que la enseñanza mejore.
    Sin embargo, reducir la ratio y permitir aumentar el nivel de exigencia, así como dotar a las escuelas e institutos de más recursos humanos, sí aumentaría, en mi humilde opinión, la calidad de la enseñanza, que dicho sea de paso está por los suelos.
    Evidentemente, tenemos puntos de vista muy diferentes.

    Comentario por dolo — 22 abril, 2008 @ 10:12 | Responder

  5. Estimada/o Dolo:

    Me he limitado a transcribir la editorial de una revista, ESCUELA, en la que se plantea el tema SI/NO o NO/SI desde otra óptica. Lo hago porque tal como se expresa puede ser exponente de una de las peores consecuencias de la tan controvertida orden de incentivos: la división de los claustros, de los profesores, de las localidades y de sus centros. Creo que se simplifica mucho el problema si se le plantea en términos de mayor o menor dignidad. Yo no conozco a ningún profesor o maestro indigno que se encuentre desempeñando su labor. Esa labor es digna por definición y no puede alterarla la oportunidad o inoportunidad de una orden administrativa.

    Me habría tranquilizado mucho más oír alguna voz, serena y responsable, que acercara posiciones. La de usted, Dolo, creo que tiene esas características. Un cordial saludo.

    Comentario por Francisco — 22 abril, 2008 @ 14:32 | Responder

  6. El editorial de la revista Escuela pone los pelos de punta. Gracias por transcribirlo, Francisco.
    Al responsable del editorial le querría decir varias cosas:
    1) En educación lo que cuenta son los procesos, no los resultados. Si, aun así, se nos quiere valorar por los resultados, que se nos valore bien. Que se nos dé incentivo cuando pongamos un 0 al alumno que tiene un 0 y un 10 al alumno que tiene un 10. Y que no se nos dé precisamente cuando ponemos un 5 al que tiene un 3 o un 3 al que tiene un 5. La orden pretende premiar a los profesores que ponen un 5 al que tiene un 3. Y esto es un chantaje y una indecencia.
    2)Los profesores del “sí”, según usted, “sencillamente se han puesto manos a la obra desde el primer día”. ¿El primer día? Pero ¿el primer día no es el de la primera vez que te enfrentas a un grupo de 30 alumnos en un aula? ¿Es que hay profesores, los del sí, según usted, que no se han puesto a trabajar hasta el día en que salió la orden de incentivos? ¿Y no los han echado antes? Pues ya estamos en algo de acuerdo: esos profesores sí deben rendir cuenta ante la sociedad, porque por lo visto no se han puesto a trabajar hasta que no les han prometido 7.000 euros extra.
    3) Según usted, mientras que los profesores del “no” gritamos a los cuatro vientos, los del “sí” trabajan y callan y “son los que hacen progresar la escuela pública”. Pues sí, los profesores del “sí”, callan, cobran y callan. ¿Usted se cree que a los del “no”, que no nos callamos, no nos vendrían bien los 7.000 euros? Lo que los profesores del “no” hemos demostrado con nuestros “gritos a los cuatro vientos”, es que la enseñanza pública nos importa, al menos, 7.000 euros más que a los del “sí”, que todavía entre meternos 7.000 euros más en el bolsillo o rechazar una orden que perjudica tremendamente a la enseñanza pública, optamos por lo segundo.
    4) Por último, ¡cámbiale usted el nombre a su revista! ¿Escuela? ¡Qué pretencioso! Póngale mejor “fábrica de aprobados” o de churros, que es lo mismo.

    Comentario por Paco García — 23 abril, 2008 @ 20:33 | Responder

  7. En el margen izquierdo del “escuela”, en la portada, pone CONVENIO CON LA JUNTA.

    Los distintos puntos de vista están bien, pero si están pagados… MALO, MALITO, MALO

    Comentario por Mateo — 24 abril, 2008 @ 12:27 | Responder

  8. Con independencia de las conexiones económicas que pudieran existir entre la Junta y la revista ESCUELA yo no dudaría en suscribir el artículo citado aunque suprimiendo el último párrafo.

    “Y otra cosa, los que han dicho “no”, lo han gritado a los cuatro vientos, están en su derecho; mientras los que han dicho “sí”, que también son muchos y muchas, sencillamente se han puesto manos a la obra desde el primer día. Estos docentes son los que hacen progresar la escuela pública.”

    Estoy entre los que, sin entusiasmo, han dicho no y podría estar entre los entusiasta -si es que los hay- que han dicho sí. El maniqueísmo que respira el citado párrafo es inaceptable.

    Los problemas de la educación son mucho más profundos. Ojalá pudieran resolverse con dinero, con ordenadores, con menos alumnos, con más profesionales…

    Tampoco son nuevas nuestras dificultades aunque por un proceso acumulativo se manifiesten hoy con mayor virulencia que hace unos años.

    En mi modesta opinión no asistimos a un cambio de valores como alegremente se pregona y que consistiría en sustituir unos por otros, estamos contemplando un vendaval pseudoético y pseudomoral que arrasa todo principio educativo sin que nada realmente valioso haya venido a cambiar el páramo. Este problema no lo resuelven 7000 euros ni 700.000. Sólo el rearme moral de una sociedad adormecida, acomodaticia, infantilizada, teledirigida y ñoña podría “comenzar” a cambiar las cosas. En esa tarea los maestros, todos, deberíamos estar en vanguardia.

    Comentario por Francisco — 24 abril, 2008 @ 21:27 | Responder


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