Crisis Educativa

1 marzo, 2009

Por un cambio radical del sistema educativo.

Filed under: Entradas — JuanV @ 20:10

La gran contradicción del sistema de enseñanza comprensiva aplicado en España es que se ha querido extender la educación a toda clase de alumnos pero sin obligar a ninguno de ellos a nada: chicos y chicas que tienen que asistir a clases hasta los 16 años pero que no están obligados a hacer los deberes, estudiar, o a aprobar el curso. Esta idea de enseñanza comprensiva, que no olvidemos que se ha querido justificar desde una postura ideológica de izquierdas y/o progresista, ha llevado aparejada la creencia de que esa inmensa mayoría de estudiantes a los que se dirige no es capaz de alcanzar los objetivos propuestos, de ahí el énfasis en la atención a la diversidad. Esto lleva a una postura reaccionaria que refuerza y reafirma la desigualdad social entre unos y otros alumnos y sus familias: la idea de respetar la idiosincrasia de los alumnos, sus intereses y sus motivaciones, lejos de ser progresista es de lo más reaccionaria y conservadora, pues al no forzar a los estudiantes a superarse, a romper con su “mundo” limitado, se los condena a permanecer en él y a renunciar a una posible promoción social y progreso a través de la educación y la cultura. De hecho, hablar del “esfuerzo personal”, del “mérito”o de la “capacidad de trabajo” en el contexto de la enseñanza a menudo levanta suspicacias. Sin embargo se olvida, o se quiere olvidar, que lo único con lo que cuenta el hijo del trabajador para salir adelante, a falta de apellidos, herencia y muchos medios materiales, es precisamente eso, su esfuerzo, su constancia y su capacidad de trabajo para obtener el mérito que le posibilite la promoción social que de otra manera, sin estudios, sin educación, sin títulos, no va a conseguir.

Efectivamente, el diseño de un plan de estudios blando y descafeinado en enseñanza secundaria no responde sino al convencimiento por parte de esa pseudo-izquierda que se autodetermina “progre” que domina la administración educativa del país de que los hijos de la clase trabajadora son incapaces de mostrar interés por el conocimiento y el estudio serios. Ese afán e insistencia en la atención a la diversidad parece presuponer que no todos van a poder sobrellevar el peso de unos estudios que el propio Estado por definición considera básicos, por obligatorios. En vez de preocuparse por la igualdad desde el punto de partida, de las condiciones sociales, económicas y laborales de los padres que tanto influye en las posibilidades de éxito de los chicos, especialmente en sus primeros años, se desvía la atención hacia algo absurdo y hasta antidemocrático como es la igualdad en los resultados escolares o académicos. Sencillamente no ofrecen ayuda allí donde se necesita para a continuación organizar a los que no llegan en grupos de “Diversificación Curricular Significativa o No Significativa”. cambio de sentidoComo consecuencia, dentro de esa lógica perversa, se propone bajar los niveles de contenido y rebajar los niveles de exigencias, lo que a su vez da lugar a las normas y circulares que hacen posible que haya alumnos que promocionen de un curso a otro con 4, 5 e incluso con todas las asignaturas suspensas, por ejemplo, o que se soporten todo tipo de comportamientos disruptivos, negativos y hasta violentos en los centros educativos sin que ninguno de ellos se considere suficiente para la expulsión directa e inmediata del alumno infractor.

No resulta difícil cuestionar este empeño: ¿de qué sirve conseguir que todos estén matriculados en un centro educativo si el único objetivo es que asistan a clase, y ni siquiera ése puede alcanzarse, puesto que faltan a clase y nada sucede? Atención a la diversidad, diversificación, respeto máximo al ritmo de cada alumno, a su entorno, etc., son todos ellos principios que se han aplicado a toda clase de alumnos, tanto a los que estaban motivados, tenían interés por aprender y querían estudiar como a aquellos otros a los que la escuela no le interesaba lo más mínimo y lo hacían patente y manifiesto desde poco más de los trece o catorce años y si seguían asistiendo al instituto era porque la ley lo establecía así y sus padres los obligaban. Detrás de una fachada de buenas palabras, mucha pedagogía y mucha psicología, diseñado todo para engatusar a ingenuos con un discurso centrado en la comprensividad, la igualdad y la atención a la diversidad, y mediante el énfasis en actitudes, valores y el desprecio de los aspectos más propios de la formación intelectual, relegando los contenidos a un segundo plano, despreciando el estudio serio y el uso de la memoria, favoreciendo la promoción automática de un curso a otro y la obtención de títulos, se esconde la pretensión de ofrecer una educación de saldo en época de rebajas dentro de un sistema educativo mediocre diseñado para que sólo salgan unos pocos estudiantes extraordinarios. Sencillamente no interesa un sistema de enseñanza pública de calidad que proporcione a una mayoría de estudiantes una buena formación y educación, que los haga ciudadanos libres, autónomos y con capacidad crítica. Lo que el sistema capitalista de producción necesita en esta fase de multinacionales, globalización y pensamiento único (la postmodernidad) son apenas unos pocos técnicos altamente cualificados, con los que les basta para mantener funcionando el sistema, y convertir a la mayoría restante en poco menos que una gran masa de consumidores acríticos, fácilmente manipulables y sin conciencia de donde vienen, dónde están y hacia dónde se dirigen. La connivencia entre el capitalismo más duro y el diseño de reformas educativas no puede estar más clara a estas alturas: véanse los informes de La Comisión Europea, la OCDE, etc.

Menos mal que aparece la llamada pedagogía radical, eso sí. Una de sus sugerencias más repetidas es acercar el currículo a los intereses de estos nuevos alumnos postmodernos, tan distintos de los de antes. Pero uno se pregunta ¿se ha adecuado el currículo a los alumnos alguna vez en la historia de la educación? ¿Es que ha habido alguna juventud cuyos intereses fueran los logaritmos, la física o las declinaciones verbales? ¿No se habría dejado de enseñar matemáticas y otras asignaturas hace mucho tiempo de haber prestado atención a los intereses de los alumnos? Y si no se ha hecho ¿por qué razón habría de hacerse ahora? (Pues gracias a lo que las altas autoridades educativas de nuestro país llaman Espacio Europeo de Estudios Superiores, para nosotros el nefasto Plan Bolonia, el gran proceso de infantilización que se ha llevado a cabo primero en la enseñanza primaria y luego en la enseñanza secundaria, ahora se va a desarrollar en la universidad. Basta oir unas cuantas argumentaciones a los defensores de la modernidad y excelencia de este plan para convencerse de lo que decimos: ¿es aceptable que se pretenda sin vergüenza que los conocimientos no son lo más importante en los estudios universitarios? ¿Es razonable decir que no se puede pedir a unos alumnos universitarios que lean por su cuenta algún que otro libro como parte de una bibliografía selecta y recomendada? Si tan buenas y convenientes son todas estas reformas de los estudios universitarios ¿cómo es posible que le nieguen tantas ventajas y bondades a las carreras de medicina y arquitectura, por ejemplo?).

El gran error ha sido extender el tratamiento pedagógico que sólo era viable a alumnos bien socializados y más o menos educados a la gran masa del alumnado, poco o mal socializada y nada o casi nada educada. Parece lógico, aunque por lo visto no lo fue tanto para la pedagogía oficial, que si con la LOGSE se iba a dar entrada al sistema educativo a toda clase de alumnos, lo que se debía hacer era mantener un sistema más bien estricto, austero y seco en cuanto a disciplina para poder subsanar las deficiencias básicas que en materia de comportamiento pudieran presentar los alumnos que provenían de medios sociales y culturales más desfavorecidos, poder encauzar las posibles conductas disruptivas y que el ambiente en los centros no degenerara, como ha sucedido, y el resto de los alumnos se viera afectado lo menos posible. Se pensó que era innecesario aplicar una pedagogía dura y se la sustituyó por una pedagogía blanda.

Para aclararnos, podríamos convenir en llamar pedagogía débil o blanda a la pedagogía situada en uno de los extremos del espectro psicopedagógico basada en la mayoría de los postulados e ideas de la pedagogía moderna: libertad y autonomía de los alumnos; métodos de aprendizaje activos que potencian la espontaneidad y creatividad; aprender jugando; individualización y personalización dirigidos hacia el igualitarismo para evitar que haya alumnos que destaquen; aprendizaje centrado en los intereses de los alumnos y respetando el ritmo de cada uno; participación democrática de los alumnos en clase, muchas posibilidades de elección de contenidos, igualdad entre alumnos y profesores, etc. Se basa en una psicología también blanda, que confía en el desarrollo y madurez del alumno, en su autocontrol mediante la interiorización de las reglas y normas de comportamiento, en el orden y disciplina que parte del grupo como extensión natural del orden individual. Es la pedagogía de los nenes ya educados en casa, que provienen, en la inmensa mayoría de los casos, de familias con posibilidades, de cultura media y media-alta y preocupados, o muy preocupados, por la educación de sus hijos. Es lo que Julia Varela denomina pedagogías psicológicas, que benefician a los hijos de las clases medias pues los de las clases populares no están acostumbrados a las formas de control flexibles. La mayor parte de estos alumnos eran los que habían recibido en casa desde su más tierna infancia la idea de estudiar una carrera universitaria de grado medio o superior, conocían la importancia de lo que se llamaba “tener estudios”, reconocían el valor de la educación y la formación, y muchos de ellos ya eran buenos lectores antes de matricularse en Bachillerato.

Por otra parte, en el otro extremo, se situaría la pedagogía dura o fuerte, que confía en la mayoría de los postulados e ideas de lo que se ha llamado escuela tradicional: reglas y normas de comportamiento explícitas; orden y disciplina estrictos; ley del trabajo y del esfuerzo; meritocracia como posibilidad de destacar con vistas a la promoción social; papel del maestro y del alumno claramente diferenciados; métodos de aprendizaje basados en la repetición y en muchos ejercicios; curriculum muy definido e inalterable; etc. Se basa en una psicología dura que presupone que los alumnos no han desarrollado todavía una gran madurez y por tanto necesitan mucha guía externa, por lo que la disciplina se impone sin muchos miramientos con idea de poder conseguir el ambiente de orden y respeto que permita el trabajo en clase. Corresponde a alumnos que provienen de clases sociales desfavorecidas, familias más preocupadas por las posibilidades de que sus hijos puedan ayudar al sostenimiento económico de casa cuanto antes que de su formación cultural e intelectual, y por lo tanto, poco o muy poco involucrados en la educación de sus hijos y en las labores de escuelas e institutos. Estos alumnos eran, en su gran mayoría, los que abandonaban los estudios al terminar la antigua escolaridad obligatoria, o sea, la EGB, y que en menor número se matriculaban a continuación en cursos de Formación Profesional buscando una preparación no teórica, enfocada a la práctica y aprendizaje real de una profesión con idea de incorporarse cuanto antes al mercado laboral.

Desde nuestro punto de vista, la izquierda que ha tenido acceso al gobierno en nuestro país, al promover la LOGSE primero y después la LOE (aunque habría que decir que la derecha tampoco se propuso un cambio radical ni mucho menos con la LOCE), cambio de imagenha apostado por una educación basada en una pedagogía blanda para la enseñanza pública y se ha equivocado, entre otras razones porque la inmensa mayoría de los alumnos no están “educados” cuando llegan a los institutos, no digamos al colegio. Es decir, al extender la enseñanza obligatoria hasta los 16 años se da cabida en el sistema educativo tanto a los alumnos que tienen idea de seguir estudiando como a los que ya piensan en su primer empleo; pero sin olvidar que son precisamente estos últimos los que suponen una gran mayoría, a la que se acaba aplicando una pedagogía y una psicología equivocadas. De hecho los alumnos que se matriculan en los institutos de secundaria hoy en día están menos socializados en general que hace unos años debido a la tendencia de las familias a abandonar cada vez más parte de sus funciones, como la socialización primera de sus hijos, por ejemplo, hábitos de salud e higiene, así como normas de civismo básico (saludos, pedir permiso, respeto a los mayores, etc.), por no hablar de cuestiones específicas del mundo de la escuela como hábitos de estudio, hacer los deberes, esfuerzo y exigencias intelectuales, etc.

Por supuesto, somos conscientes de que decir todo está fuera de lo que se considera políticamente correcto, pero alguien lo tenía que decir alguna vez (el rey va desnudo). No se trata aquí de defender una vuelta a la escuela tradicional ni mucho menos, y desde luego tampoco defender los aspectos típicos que destaca la típica crítica que se hace a la escuela tradicional desde los postulados de la Escuela Moderna. Nada de la enciclopedia y los castigos, la regleta y los reyes godos. No. De lo que se trata es de hacer una crítica a concepciones y prácticas de la educación actual que lejos de llevarnos a alcanzar los objetivos que aparecen en los preámbulos de las leyes que las sustentan, legitiman y justifican, consiguen provocar justo lo contrario. El resultado está a la vista desde hace ya algunos años: fracaso escolar, abandonos prematuros, violencia en los centros. Un desastre.

Por todo ello desde nuestra página web proponemos, pedimos y exigimos un cambio radical del sistema educativo antes de que sea demasiado tarde, si no lo es ya.

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8 comentarios »

  1. Amen.

    Comentario por Víctor — 1 marzo, 2009 @ 20:49 | Responder

  2. No puede decirse con más claridad, más razonadamente ni mejor expresado.
    Estamos en crisis. Educativa, quiero decir.

    Comentario por dolo — 2 marzo, 2009 @ 00:05 | Responder

  3. http://educaccioncritica.wordpress.com/2009/02/19/profesores-concertados-y-desconcertados/

    Pues, sí; sin comentarios porque los que se nos ocurren contienen muchos tacos.

    Comentario por Juan — 3 marzo, 2009 @ 22:04 | Responder

  4. Lo bueno del asunto es que en los colegios de élite donde se forman los futuros dirigentes, hijos de familias acomodadas y entre las que abundan las de políticos socialistas, se aplica una pedagogía dura, de exigencia, de rigor, de orden, de método, en la que los conocimientos son fundamentales y no están en contradicción con los valores. Ambos van juntos. Los valores se aprenden a través de los conocimientos. ¿Por qué en estos colegios de élite se aplica una pedagogía dura? Esa es la pregunta del millón, y tú las has contestado, porque para el pueblo se prefiere una enseñanza da bajo nivel, de segundo orden, para mantenerlos en la ignorancia, para que no piensen y sean eso “masas”. Te enlazo en mi blog. Me ha parecido excelente el artículo.

    Comentario por Joselu — 12 marzo, 2009 @ 23:12 | Responder

  5. Llevo tiempo pensando y diciendo que debería estar escrito en la ley de Educación (Enseñanza) que los que dictan esas leyes tienen que obligarse a poner a sus hijos en la Enseñanza Pública. Solo lo que nos toca más cerca nos duele de verdad; y en especial, los hijos. Si esto fuera así, otro gallo cantaría. Verás cómo se potenciaría el esfuerzo, el trabajo y demás. Pero, como no se fían de los trabajadores de la pública, llevan a sus criaturas a la privada, y dan bandazos continuos en la normativa reguladora. No redactan leyes de enseñanza, sino leyes sociales, que traten de tener contentos a los padres y a los alumnos. De esa manera, tienen contentos a los que realmente les importan en el sistema. Nosotros los profesores somos gente todoterreno, podemos con todo. No nos afecta nada, porque, no lo olvidemos, tenemos dos meses de vacaciones. Y por ahí nos tienen cogidos. Y con esa bandera se nos puede insultar desde cualquier flanco.
    Seguiría diciéndote muchas cosas…pero creo que se me entiende todo, ¿verdad?
    Alguna reflexión he dejado en mi blog, pero no suelo hacerlo.
    Un saludo.

    Comentario por Manolo — 22 marzo, 2009 @ 14:14 | Responder

  6. Nadie quiere darse cuenta, porque en realidad todos tenemos parte de culpa, pero vamos de mal en peor. Los valores se han perdido y los alumnos ya no necesitan esforzarse por nada.

    Te invito a leer mi artículo al respecto: Trivial Pursuit edición LOE

    http://www.terceraopinion.net/2009/06/28/trivial-edicion-loe/

    Un saludo.

    Comentario por Tercera Opinión — 28 junio, 2009 @ 23:26 | Responder

  7. La conclusión del artículo es:
    “Por todo ello desde esta página web proponemos, pedimos y exigimos un cambio radical del sistema educativo antes de que sea demasiado tarde, si no lo es ya”.
    Sería interesante saber cual es el cambio radical que se propone. Se me ocurre que todos los que estamos dentro del sistema educativo -el profesorado- en mi caso, estamos deseando escuchar propuestas concretas.
    Las críticas y las quejas habrá que trasformarlas en propuestas y alternativas para llegar a otro sistema educativo diferente. El pesimismo y la desesperanza no son el mejor estimulo para los cambios.
    Un saludo

    Comentario por Rafa A. — 11 noviembre, 2009 @ 20:37 | Responder


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