Crisis Educativa

28 septiembre, 2009

Más sobre la autoridad en la enseñanza

Filed under: Entradas — JuanV @ 17:03

Dada la sarta de tonterías y pamplinas que uno lee proveniente de pedagogos y otros “expertos” en educación no cabe la menor duda de que estos señores no deben de haber pisado un instituto desde que ellos fueron alumnos en uno.

Lamenta en un artículo un tal Rafael Feito, a la sazón profesor de Sociología de la Educación (en la universidad claro está), que la Comunidad de Madrid pretenda convertir al profesorado de los centros públicos en autoridad pública. Dejando aparte una valoración sosegada de esas medidas, lo que sorprende (aunque como decimos, viniendo de profesores de universidad, cada vez menos, todo hay que decirlo) es que lo lamenta, dice, porque ello implicaría “que las agresiones físicas al profesorado se convertirían en delito y que su palabra tendría preeminencia en un posible conflicto”; se pregunta a continuación si esa es la solución a los problemas de indisciplina en los centros escolares y subraya que el modelo educativo que necesita de medidas como esa es el que corresponde al profesor que “se sube a una tarima y llena con su saber las cabezas vacías de los pobrecitos alumnos y alumnas”.

Desde luego negro futuro se nos echa encima si la formación de las próximas generaciones de profesores recae en las manos de personal como éste o parecido. O sea, que este señor piensa que la voz de los profesores no ha de tener “preeminencia” sobre la de un alumno en caso de conflicto. Quizás lo primero que habría que aclarar es el concepto de conflicto. Se supone que un alumno provoca un conflicto faltando a unas normas de convivencia, por no respetar una normativa, unas reglas; si ante esos hechos un profesor intenta hacerlas cumplir ¿de qué conflicto y de qué dos partes estamos hablando? ¿Es que se puede hablar de conflicto cuando uno infringe las normas de circulación y es sancionado con una multa? No, dice el señor Feito, porque en el caso de la infracción de tráfico “damos preeminencia al agente para salvaguardar el bien común de la seguridad”. Pero ¿es que no tenemos los profesores que salvaguardar nada? ¿qué pasa con el derecho del resto de los alumnos a un ambiente de trabajo y de estudio serio? ¿No debemos acaso los profesores velar por que se respete el derecho a la educación del resto de los alumnos? Los expertos en educación sin pisar una clase, como Rafael Feito, no se cansan de hablar de “resolución dialogada y democrática” de los conflictos, de la creación de la figura de “estudiantes mediadores” y de una “comunicación con las familias” fluida. Pero, ¿qué mediador hace falta cuando un alumno se salta las normas más elementales de respeto en clase, no deja de interrumpir, molestar a los compañeros o se caga directamente en los muertos del profesor? Ah ya, se me había olvidado: es que el profesor no lo habrá motivado lo suficiente.

En cuanto a que un “régimen de control disciplinario” (quizás demasiado Foucault) sólo sea necesario en el caso de que el profesor se suba a la tarima, se equivoca también. ¿Es que los profesores “reflexivos”, los profesores “mediadores” y “guías” de los procesos de “construcción del conocimiento”, esos profesores dechado de virtudes que desprecian el usted y pretenden convertirse en colegas de sus alumnos pueden trabajar en una clase en la que, literalmente, no se puede hablar?
No, efectivamente para solucionar los problemas de disciplina en los centros escolares no basta solamente con medidas como la que estamos comentando; pero desde luego tampoco se van a solucionar con las absurdas y delirantes medidas que proponen los expertos en educación desde su pedagogía oficial y su sacrosanta corrección política.

“Si hay una figura a la que habría que conceder más autoridad y más poder es a la del director o directora del centro”, aclara este eminente profesor en su demócrata y progresista discurso. Y ¿por qué es eso así? Porque “el director, y el equipo directivo en su conjunto, entre otras tareas, ha de ejecutar sanciones. . .”, dice y se queda tan fresco. Pero vamos a ver, señor mío, ¿es que nos está intentando decir que los profesores de a pie no han de ejecutar sanciones”? ¿No hemos de reñir cuando haga falta, amonestar, obligar a hacer trabajos, mandar, ordenar hacer cosas a los alumnos o sancionarlos? Ah no, se me olvidaba otra vez: tenemos que dialogar con los alumnos a ver si los convencemos de estudiarse para la próxima semana la tabla de multiplicar, una listita de verbos irregulares en inglés o la tabla periódica por partes, y además convencerlos de que depongan su actitud de tirar papelitos al vecino y todo antes de que se acabe la clase. ¿Habrá leído este señor algo sobre neoliberalismo en educación? Aquí  en esta misma página recomendamos unos pocos artículos al respecto. Por si acaso adelantamos que uno de los ejes de la política educativa neoliberal es precisamente potenciar la función directiva de los centros así como asignarle un papel de liderazgo pedagógico, que como anda el patio de la educación en nuestro país, y en Andalucía más si cabe, equivale a dotar a los directores de prerrogativas sancionadoras, capacidad para contratar personal, etc. Claro que, de no hacerlo así y dejar a los directores y directoras con el poder que tienen, dice este señor, correríamos el peligro de convertirlos “en el director-compañero (. . .) que justificaría los retrasos, ausencias y cómodos horarios de algunos de sus colegas”. Pues a ver si se aplica lo mismo que pide este señor a la Universidad y les dan también capacidad sancionadora, pero mucha, a los Directores de Departamento, Decanos de Facultad, etc., porque hay que tener mucho descaro para hablarle de retrasos, ausencias y cómodos horarios a los maestros y profesores de los niveles no universitarios siendo profesor de universidad.

Menos talante y más talento es lo que hace falta para salir del atolladero en el que se encuentra sumida la educación en España. Y muy difícil nos lo ponen para depositar esperanzas de mejora en la universidad si el panorama es tan desalentador como se vislumbra por los manifiestos (¿Qué no es verdad?) escritos, comentarios y discursos de profesores universitarios, expertos en educación y pedagogos como el que aquí comentamos y, peor aún, si consideramos que se nos echa encima nada menos que el Plan Bolonia.

5 septiembre, 2009

Libros gratis

Filed under: Uncategorized — JuanV @ 15:06

Reproducimos aquí un artículo de Carlos X. Blanco aparecido en Rebelión que vienen a coincidir con nuestras tesis sobre el programa de la Junta de Andalucía de libros de texto gratis para todos.

Los libros al contenedor, el Estado del Bienestar a la basura

“Trabajo en un instituto de educación secundaria. A principios de curso me abren la puerta de la biblioteca del centro y veo montañas de libros de texto. Un compañero me asegura: “¿los ves? Todos van a ir al contenedor”. Y es que en la comunidad donde trabajo, Castilla-La Mancha, rige desde hace unos años un invento socialista llamado “Programa de Gratuidad de Libros de Texto”. ¿En qué consiste? En hacer disponibles libros gratis para todos los alumnos de enseñanza obligatoria. He dicho bien, para todos. El niño que pertenece a una familia adinerada tendrá libros de texto gratis. El niño de una familia trabajadora, proletaria, mileurista, en paro, también. Aquí no se le pide a nadie la Declaración de la Renta, a nadie le analizan su situación económico-familiar. Para todos, y punto.

Por supuesto, las editoriales de libros de texto están encantadas. Cuentan con un cliente preferente que les compra en masa miles de libros: la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Otro tanto se diga de la próxima medida, igualmente rocambolesca, de dar portátiles a todos los niños de cinco años. Quien venda la marca X de esos ordenadores, miles de golpe y por medio de una compra oficial, se va a hacer de oro. Nadie pregunta nada. En plena crisis funciona eso de “a caballo regalado no le mires el diente”. La radio oficial de la Junta de Comunidades cacarea dichas medidas “progresistas” haciendo constar lo beneficioso que todo esto será para las familias, para los alumnos. El hecho es que los manuales, en general malísimos por estar concebidos bajo “criterios LOGSE”, libracos caros llenos de fotos y “mapas conceptuales”, son retocados de manera mínima cada poco tiempo para que sean inservibles sus antecesores, manuales de un curso o dos atrás. Todo un ejemplo de obsolescencia planificada.

El hecho es que hay padres que reciben unos libros subrayados o maltratados y, sean pobres o ricos, suelen comprarse los libros nuevos porque los gratuitos ya no sirven.

Las medidas de “todo gratis y para todos”, sin distinguir niveles de renta ni tipos de colectivos a quienes van dirigidas, son las más anti-igualitarias que uno pueda imaginarse. Son una vergüenza para todo ideal que se reclame “socialista”. Precisamente la Justicia, en un sentido socialista, debería consistir siempre en “tratar de manera diferente al que es diferente”. Esto de los libros me recuerda a mí lo de las subvenciones europeas a la actividad agrícola: la Duquesa de Alba ha recibido millones y millones de euros, pues consta como “agricultora” y “hay que ayudarla”. Mientras tanto, por ejemplo, en Asturies las caserías van cerrando porque ya no pueden mantenerse en su estado de autosuficiencia. ¿Es esto igualdad?

Los hijos de un millonario tendrán libros gratis como los hijos de un obrero. Mientras tanto estamos cometiendo agravios sociales al no tratar de forma diferente al que es diferente. Estamos cometiendo atentados ecológicos tirando toneladas de papel impreso a la basura. En el terreno ético cometemos un crimen: no acostumbramos al niño a valorar lo que es un libro en propiedad, un patrimonio personal que hay que cuidar y, como ocurría todavía en mis tiempos, un don que puede ser traspasado a los hermanos menores o a los hijos.

Ni siquiera la caridad que lava conciencias puede aplicarse a este caso. Los libros españoles no son deseados en países americanos de lengua hispana con problemas económicos y necesitados de material escolar. Su transporte a otro continente es muy caro, los sistemas escolares, quizá, sean diferentes…es mejor colaborar con ellos de otra manera. Conclusión: los libros españoles, cada ciclo de renovación, se van todos al contenedor. Nuestro “Estado del Bienestar”, que nunca llego a ser tal, también va derecho y de cabeza al contenedor por causa de este despilfarro mayúsculo y esta demagogia socialista, este populismo buscador de votos fáciles pero que en realidad mina la capacidad de supervivencia de las clases más débiles. La ideología de estos “progresistas” debería ir también al contenedor de basura, creo yo.”

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