Crisis Educativa

7 marzo, 2011

Cambiar el sistema educativo

Filed under: Entradas — JuanV @ 21:49

Hay quien dice que muchos de los males que aquejan al sistema educativo se deben a cambios sociales, pero no a la reforma LOGSE. Ninguno de los que así piensan pasan a enumerar ejemplos para demostrar su tesis, sino que lanzan la idea y se quedan tan frescos. ¿Qué cambios son esos que afectan directamente a los centros educativos y no son efecto directo de las leyes educativas? La enseñanza comprensiva, por ejemplo, trae consigo el hecho de que haya en clase chavales que no quieren estar allí, que no quieren estudiar porque  preferirían prepararse para su inmediata entrada en el mercado laboral, etc. Pero la enseñanza comprensiva no se debe a cambio social ninguno; se debe a una ley específica y concreta que podrá cambiar como han cambiado otras en cuanto haya voluntad política para hacerlo. Que ahora en los centros educativos, se dice, tienen cabida todo tipo de chavales. Cierto, tanto los que quieren estudiar como los que no, pero eso más que una ventaja o un acierto es un gran error por el que pagan los pobres alumnos con verdadero interés por los estudios, pues los otros ralentizan las clases cuando no las boicotean directamente, destrozan el ambiente de estudio, crean situaciones de violencia en clase y molestan constantemente. Y lo más importante, no se les puede obligar a estudiar. Nadie podría. Todo esto no se debe a ningún cambio social, sino a que los legisladores y diseñadores del sistema educativo se empeñaron en apostar por la enseñanza comprensiva concentrándose en sus bondades y olvidando sus efectos perversos, que son muchos más.

¿Qué está mal desde la LOGSE? Para empezar la enseñanza comprensiva. Es un gran error pretender que todos los alumnos hagan lo mismo hasta cumplir los 16 años, por la sencilla razón de que ni todos los alumnos están igualmente capacitados para estudiar, ni todos están igualmente motivados para sobrellevar el sacrificio consiguiente. Esto resulta evidente salvo que lo que se pretenda sea, claro está, no que todos estudien sino tener a todos estabulados como bestias de carga y sin contar como cifra del paro. En cuyo caso, por supuesto, da igual las capacidades de cada uno y sus motivaciones puesto que no se pretende dar a todos las mismas oportunidades y quien quiera que las aproveche, sino que más bien se pretende que nadie destaque para que no deje en evidencia a los que no quieren esforzarse. (Véase “Harrison Bergeron”, de Kurt Vonnegut).

También es un error aplicar las teorías constructivistas a la escuela, entre otros motivos porque al cuestionar la importancia de los conocimientos se está cuestionando la propia función de la escuela, que no es otra que la transmisión del patrimonio cultural a las generaciones futuras.

Es un error colocar al niño en el centro del discurso pedagógico cuando en la clase hay 30 alumnos más. Es imposible respetar los ritmos, la diversidad, las diferencias individuales salvo que se pueda disponer de un maestro para cada alumno. Pero la escuela está pensada para enseñar a muchos desde unos criterios de economía de medios y de tiempo; por principio, las explicaciones, el ritmo de la clase, los ejercicios, la dinámica de clase está dirigida a la mayoría. Por supuesto que hay que ayudar a quien se despiste, a quien se quede atrás, pero no olvidar que el ritmo lo marca la mayoría. Lo contrario son clases particulares, y no hay dinero para eso.

Es un error la pedagogía del juego. A la escuela no se viene a pasarlo bien, ni a divertirse, ni a estar entretenido. Para eso está el circo. A la escuela se viene a aprender y ello implica trabajo duro: concentración, esfuerzo, repetición, memoria, estudio, cansancio, perseverancia, sacrificio. La escuela, las asignaturas, no tienen por qué ser divertidas. Si alguna lo es, estupendo; si se consigue ver lo divertido de aprender se hará encantado, de lo contrario, habrá que hacerlo aunque no guste.

Es un error permitir promocionar de curso con asignaturas suspensas; lo único que se consigue así es quitar importancia a los suspensos y reforzar la idea de que si se suspende no pasa nada. La idea de mantener a los alumnos juntos en el mismo grupo pese a la constatación de distintos objetivos conseguidos por cada uno responde a un planteamiento según el cual es más importante la socialización de los alumnos que su formación y aprendizaje. Se olvida, sin embargo, que la función primera de la escuela es precisamente la formación, y que la socialización viene por añadidura.

¿Se le ocurre a alguno de esos “expertos” en educación qué puede pasarle por la cabeza a un alumno que sabe que va a promocionar de curso, haga lo que haga, porque ya ha repetido? ¿Se le ocurre algo que “motive” a dicho alumno a trabajar duro, a estudiar, a esforzarse, a hacer los deberes todos los días, a quedarse sin salir ni ver la tele algún que otro día, a pasar apuntes a limpio, a hacer esquemas, a hacer resúmenes, a cuidar y ordenar sus cuadernos, a leer. .  todo ello para aprender mucho y aprobar? ¿Se creen que los alumnos son tontos y van a hacer todo eso cuando pueden conseguir lo mismo sin hacer nada? ¿Tienen una varita mágica? ¿Creen que la podemos tener nosotros los profesores?

También se dice que los profesores parecen estar intentando representar un papel, el mismo desde que se creó la institución escolar, cuando el escenario ya ha cambiado; escuelas que siguen estancadas en el siglo XX que reciben a los alumnos del siglo XXI, de ahí el énfasis que ponen algunos en las nuevas tecnologías. Todo ello se inscribe, dicen, dentro de la crisis de la escuela y ésta en el marco de la crisis de la modernidad. Lo que no acaban de ver claramente estos visionarios de la educación son los motivos por los que algunos profesores resisten como pueden el embate de los gurús y profetas de la postmodernidad. No se trata de reacción conservadora ante los cambios sociales (¿qué más conservador que la propia LOGSE y ahora la LOE?), ni de posturas enquistadas debido a crisis de identidad de los profesores, ni nada parecido. La  razón fundamental por la que hay muchos profesionales de la enseñanza que se niegan a bajar la cabeza ante las  barbaridades y aberraciones en el sistema educativo es, precisamente, que todavía creen en su trabajo; todavía creen en la escuela, en la emancipación y promoción social por el conocimiento, en la sagrada labor de transmisión del patrimonio universal de la humanidad de una a otra generación. Es justo todo esto lo que los sociólogos y pedagogos llevan mucho tiempo diciendo que ya ha cambiado para conseguir, si acabamos creyéndolos, que todo eso cambie de verdad.

Llevan años insistiendo en quitar importancia a los contenidos, pero ellos llevan a sus hijos a colegios privados donde los contenidos siguen siendo lo importante. Llevan mucho tiempo hablando de igualdad de resultados, pero nada dicen sobre la precariedad laboral de multitud de padres de alumnos y de empleos basura, lo que verdaderamente afecta a la igualdad de oportunidades, la única defendible. Llevan años menospreciando el esfuerzo de los alumnos, la búsqueda del mérito y la superación personal que es lo único que tienen los alumnos de las clases más desfavorecidas como medio de promoción social, cuando se permite y se fomenta la promoción de un curso a otro con muchas asignaturas suspensas, por ejemplo. Llevan años hablando de autonomía pedagógica a todos los niveles: de centros, de comunidades, etc., pero ahí se olvidan del valor supremo de la igualdad en democracia, que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de ser tratados igual independientemente del lugar donde residan, que todos tengan acceso al mismo patrimonio cultural, a los mismos conocimientos, la misma ciencia sin que se haga depender los programas y criterios de evaluación del lugar o del barrio donde esté situado el centro educativo.

Uno de los “logros” más evidentes de los principios pedagógicos que inspiran la logse-loe-lea es el haber convertido los centros educativos, especialmente los de secundaria, en auténticas cárceles. De modo que después de casi 20 años de aplicación de “buen rollito” progresista y de “todos iguales”, unido al “buenismo pedagógico”, aprobados por imperativo legal y enseñanza comprensiva-obligatoria que no obliga a nada,  lo que hemos obtenido es lo que vemos todos estos días, y el que no lo ve es porque tiene la suerte de trabajar en un centro privilegiado y se niega, por lo visto, a dar crédito a lo que sus compañeros menos afortunados le cuentan.

Decir que la LOGSE (y sus derivados) tiene cosas buenas es como decir también que el franquismo tuvo cosas buenas. Hay que contestar que las mismas cosas “buenas” se podrían haber conseguido sin necesidad de padecer una dictadura durante 40 años. Igualmente, se puede argumentar que se podría haber desarrollado una ley con esas cuantas cosas buenas que se dice que tiene la LOGSE sin necesidad de haber incluído tantísimas otras ideas absurdas, inútiles e incluso aberrantes como hay en la LOGSE.

Hace falta que se tome conciencia de una vez de la necesidad imperiosa de un cambio radical del sistema educativo si queremos una sociedad más justa, una sociedad mejor; si queremos crear ciudadanos capaces de mejorar este mundo. Se da una paradoja fundamental que estamos lejos de ser los primeros en plantear. Si queremos una sociedad más justa, más libre, más equitativa, entonces es imprescindible insistir en que todos los ciudadanos, pero todos sin excepción, han de alcanzar unos niveles mínimos de educación, formación y cultura. La educación, la formación y la cultura suponen la única garantía para alcanzar ese objetivo de una sociedad mejor. Pero entonces, si todos los ciudadanos sin excepción tienen que llegar a cierto nivel de formación que se considere mínimo, entonces no habrá más remedio que obligar a aquellos que no están dispuestos a hacer los sacrificios que formarse y educarse conlleva. Luego, finalmente, habrá que admitir que para conseguir una sociedad más libre hay que partir de una sociedad “menos” libre”. (“El coeficiente intelectual de un grupo es el coeficiente más bajo de cualquier miembro del grupo dividido por el número de personas de éste”, según Steven Pinker).

Por otro lado consideramos un principio irrenunciable el que todos los alumnos, independientemente de su raza, sexo o condición social,  puedan desarrollar al máximo sus posibilidades. Ello no implica en cambio que todos puedan obtener el nivel de bachillerato, no digamos un título universitario. Y ello, no sólo debido a distintas capacidades intelectuales, sino por la existencia de intereses y voluntades diferentes. No admitir esto es uno de los grandes errores de la historia de la educación.

Mientras tanto resulta bien conocido y reconocido por todos que el papel del profesor está devaluado, que su carisma es prácticamente inexistente, su reconocimiento social está por los suelos y que carece de autoridad en su lugar de trabajo, en las aulas. Los pedagogos oficiales del reino se dedican a desprestigiar a los profesores cada vez que pueden intentando extender la idea de que les falta preparación para enfrentarse a los nuevos tiempos, que no están preparados pedagógicamente, como ellos quizás, etc. Bueno, no resulta tan difícil sumar uno y uno: es la propia pedagogía oficial la que está en contra de autorizar a los profesores, probablemente porque no se fía de ellos, porque todavía hay un gran número de profesores que desprecia la pedagogía pseudoprogre que nos ha llevado al cenagal en el que estamos.

Después de 20 años de enseñanza comprensiva, de años de logse-loce-loe-lea, incluso aunque se pertenezca al partido en el gobierno, no ver el daño que ha hecho a la educación las proclamas de la pedagogía oficial demuestra pocas luces o más bien una cerrazón inusitada. Insistir en lo mismo sin reconocer los errores y además en plena crisis económica es sencillamente de locos.

Habrá que seguir esperando, mientras se pierden unas cuantas generaciones más de jóvenes, a que llegue el iluminado de turno proveniente de los reductos de la pedagogía oficial reclamando un cambio. Mientras tanto nosotros seguiremos insistiendo, no nos queda otra, en un cambio radical del sistema educativo.

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3 comentarios »

  1. En esta sociedad dirigida por la empresa del capital y ahora gerenciada por clases políticas cuya directriz principal pasa por la ingeniería electoral, todo se a llegado a convertir en una manipulación de las leyes que a cargado de excepciones este estado de derecho hasta el punto de que ya no hay por donde cogerlo.

    Yo siempre he entendido la escuela como un centro de formación en las distintas disciplinas del conocimiento y la educación la traíamos de casa como los libros y el desayuno, por eso te doy la razón cuando dices que a la escuela se va a aprender, guste más o menos. Un sistema homogeneo nunca será la solución total, pues siempre encontraremos alumnos muy bien adaptados al sistema y otros con dificultades y para eso los avances en las ciencias de la enseñanza se encargan de nivelar las desigualdades.

    En la vida, al igual que en la escuela, para conseguir metas hay que superar fases y obstáculos. Plantear un sistema educativo que no se ajusta al modelo de vida real es un error de base.

    Las escuelas TIC pretenden acercar una realidad a una generalidad para enfrentar la alfabetización tecnológica, pero creo que no es prioritario en las escuelas más que como formación extraescolar. Creo mucho más importante para el futuro actual de los alumnos la enseñanza del idioma inglés, por ser el autentico motor para la difusión del conocimiento de forma global y las posibilidades para un futuro académico y laboral. Sin embargo, la importancia de esta asignatura aún no se a generalizado en todas las escuelas como lo a hecho las TIC, es más, en muchas sigue siendo una asignatura secundaria con una dedicación no superior al par de horas semanales.

    En resumen, creo que se confunden intensionadamente muchos términos y se homogeniza con el catalizador del electoralismo.

    Comentario por Antonio Ruiz — 10 marzo, 2011 @ 13:10 | Responder

  2. Me gustaría que le echaras un ojo a este vídeo y, si es posible, a este libro del cual proviene esa pequeña conferencia de Juan Delval


    http://www.casadellibro.com/libro-la-escuela-posible-como-hacer-una-reforma-de-la-educacion/832416/2900000845033

    Los ciudadanos españoles necesitan, hoy más que nunca, una educación sólida y fuerte para salir de la crisis y para dejar de ser manipulados por los grandes líderes políticos nefastos que tenemos.

    Comentario por Jorge — 17 marzo, 2011 @ 15:18 | Responder

  3. “”” Luego, finalmente, habrá que admitir que para conseguir una sociedad más libre hay que partir de una sociedad “menos” libre”. “””

    Te equivocas en demasía. Si queremos crear ciudadanos libres habrá que partir de una sociedad totalmente libre…Es una contradicción intentar introducir valores a la gente que luego los mismos que los están introduciendo no los cumplen.

    Comentario por Pacheta — 17 marzo, 2011 @ 15:38 | Responder


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